martes, 27 de enero de 2015

José Luis y Marisa se conocen en Palma (capítulo de 'HP')

(fragmento de la novela inédita HP)

Marisa lo había conocido a los pocos meses de llegar a Mallorca, cuando ella trabajaba en una agencia de viajes. Era casi la hora de salir y estaba enviando un fax a la oficina de Sabadell cuando se oyó una estampida en la calle. Todo el mundo había salido afuera a ver qué pasaba. Una anciana yacía en el suelo en medio de un charquito de sangre. Un coche tenía fracturado el parabrisas delantero y su conductor se llevaba las manos a la cabeza. "¡Un médico, por favor!, ¿hay algún médico entre ustedes?", gritaba el desesperado conductor en medio de un aluvión de curiosos.

Fue entonces cuando apareció José Luis. Su voz surgió potente de entre la masa. "¡Aquí!", se abrió paso y llegó hasta el coche. Luego, con voz clara y pausada, inició su parlamento: "Yo no soy médico, pero poseo la licenciatura en Filología Semítica por la Universidad Pontificia de Comillas. Asimismo, curso en la actualidad el tercer año de Derecho en la Universidad Nacional de Educación a Dis...". José Luis no pudo concluir: un espectador alterado, de gruesos bigotes negros a juego con sus gafas, se abalanzó sobre él y le propinó una severa paliza. Fue Marisa quien lo retiró del asfalto, dolido y amoratado, y lo condujo a la casa de socorro.

José Luis no era guapo, ni siquiera demasiado inteligente, pero su padre era duque de La Manta y poseía un buen número de acciones en Petróleos de Jalisco, así como un lote importante de tierras al sur de Extremadura. Ésas fueron las razones por las que Marisa aceptó, poco menos de tres meses después de conocerle, su propuesta matrimonial.

A pesar de la riqueza de su progenitor, José Luis estaba empeñado en buscarse a sí mismo conviviendo con la plebe. Había llegado a Mallorca un verano, como todos los años, con su hiératico padre y su piadosa tía, pero cuando finalizaron esas insulsas vacaciones decidió establecerse por su cuenta en la isla. Buscó empleo sin descanso: pensaba que su cualificación académica era por sí misma suficiente para coronar con éxito esta tarea, pero las cosas no le rodaron bien. No cesaba de concertar entrevistas y autoanunciarse, como cuando conoció a Marisa. Un día, semanas después de aquello, vio un anuncio en la prensa que despertó su interés. Comenzó a prepararse y, al fin, obtuvo el puesto de animador sociocultural adjunto del parque de atracciones de Getafe.

Su padre nunca había dejado de enviarle un suculento cheque mensual, pero para José Luis el dinero era secundario. Había encontrado un trabajo y quería conocer el significado de la autorrealización. Todos los miércoles por la noche partía en avión hacia la capital del Reino para cumplir allí su labor hasta el domingo, cuando regresaba junto a Marisa a su piso alquilado de Palma. Entre el dinero que cobraba de la Comunidad de Madrid y el cheque procedente de su padre, que ignoraba por completo la naturaleza de su trabajo, tenía para llevar una vida bastante desahogada.

Eso mismo es lo que Marisa estaba buscando. Desde que llegó a Mallorca con el objetivo, paralelo al de José Luis, de iniciar una nueva vida, había vivido al borde de la miseria. Antes de conseguir el trabajo en la agencia de viajes, estuvo vendiendo en el rastro con los hippies y repartiendo octavillas a la puerta de los institutos. El encuentro con José Luis resolvería definitivamente sus estrecheces financieras.

lunes, 19 de enero de 2015

Desarticulado en Villanueva del Pardillo (Madrid) un taller ilegal de risas enlatadas

Agentes del SEPRONA han desarticulado en un antiguo búnker de la Guerra Civil ubicado en el municipio madrileño de Villanueva del Pardillo, en un claro dentro de un bosque de pinos, un taller ilegal de risas enlatadas en el que trabajaban hacinados desde hacía un par de meses 14 inmigrantes sin papeles chinos a las órdenes de un empresario de Ciempozuelos de 64 años llamado Aquilino Saelices. Los chinos se veían obligados a reírse a destajo 16 horas al día a cambio de alojamiento en el mismo búnker, restos de potaje de las cocinas de empresa del grupo Arturo Fernández, una hora de música de Luis Aguilé y un bono de transporte B-3 de la EMT de marzo de 1997. La singular actividad productiva, que tan solo contaba con un equipo de grabación muy rudimentario (radiocasete antiguo de marca Casio) y tres linternas frontales usadas de minero, proveía a clientes tan diversos como Disney Channel, la Academia de Cine española, la FAES o la República Popular Democrática de Corea.

El empresario de Ciempozuelos, fundador en 2007 del Foro Emprendiendo que es Gerundio y presidente de su comunidad de vecinos desde hace más de 20 años, era la única persona que entraba y salía libremente del búnker para sacar las cintas grabadas e introducir las cintas vírgenes y las perolas de potaje que servían de alimento a los trabajadores. El radiocasete era utilizado tanto para grabar las risas como para hacer sonar las canciones de Aguilé previas al reparto diario del potaje, del que se encargaba él mismo.

Tras su liberación, los 14 chinos pidieron a carcajadas una ducha, una buena comida y la audición del segundo concierto de piano de Rachmaninov. Ya han sido expulsados del país, tras recibir un Donut de azúcar mordido y escuchar un tema del último disco de Melendi. Por su parte, Saelices ha ingresado en prisión preventiva por orden del juez, acusado de delitos contra los derechos de los trabajadores, trata de personas y favorecimiento de la inmigración ilegal.

El abogado del emprendedor sexagenario ha asegurado a la prensa que éste no ha cometido delito alguno y que tiene todos los papeles en regla, tanto en España como en Andorra (su residencia fiscal) y Gibraltar (donde está registrado su foro empresarial). Los vecinos de Aquilino aseguran que es una persona muy amable que siempre decía "buenos días" en el ascensor, llamaba "campeones" a los chavales y adjudicaba las obras de la comunidad a sus propias empresas para así ahorrarles gastos a ellos.

domingo, 11 de enero de 2015

Sexo, drogas y rock&roll



Cuando estaba poniendo enlaces a mi propio blog en mi anterior post ("La trilogía Before de Richard Linklater, que 20 años no es nada"), caí en la cuenta de que en estos cuatro años no había abordado aún directamente una cuestión tan importante como el sexo (¡ni siquiera tenía una etiqueta !). Ya de paso, al venirme a la cabeza el nada original título de esta entrada, reparé en que tampoco había dedicado nunca un post a las drogas. ¿Y qué decir del rock&roll?...

El cineasta Luis García Berlanga confesó una vez lo que más o menos sigue siendo un secreto social a voces: que cuando uno/na va andando por la calle o está en la guagua, el metro o el comedor de la empresa, en una fiesta, una conferencia sobre el posmodernismo, una exposición de arte contemporáneo, una performance o una presentación de una película de Almodóvar, está siempre procesando información en su cerebro acerca de los congéneres del sexo deseado (que puede ser el opuesto, el propio de uno o ambos) para arrojar un resultado binario. "No, sí, no, no, sí, no, sí, no, no", nos dice esa inconfundible voz interior proveniente de lo más recóndito del ego. Parece que Sigmund Freud no andaba muy desencaminado con sus tesis. La exaltación nacionalista o el fanatismo religioso, entre otras cosas, probablemente no sean más que manifestaciones de energía sexual reprimida y sublimada.

La verdad es que sobre sexo, desde un punto de vista práctico (la teoría ya es más compleja, amén de intelectualmente apasionante), poco hay que decir: desde una perspectiva sanitaria, se trata de algo absolutamente recomendable (salvo que uno sufra del corazón); desde una óptica moral, como bien sostiene el gran filósofo moral australiano Peter Singer, no tiene más implicaciones que la conducción de un coche por la carretera (hay que observar un protocolo -en el caso del sexo, consensuado tácita o explícitamente por quienes lo practican- y circular con seguridad y respeto). En suma, la postura razonable es la de tolerar que todo adulto haga con otro u otros lo que le plazca si no causa daño a terceros (un problema es que tendemos a ser, por nuestra naturaleza y cultura, posesivos y celosos). Obviamente, esto es algo inconcebible para un fanático religioso, incapaz de entender que la inteligencia (humana) es lo que ha permitido un uso meramente lúdico del sexo, disociado de su función reproductiva.

En cuanto a las drogas, la posición de un verdadero progresista no puede ser muy distinta de la anterior relativa al sexo. ¿Quién es nadie para decirme a mí lo que tengo que comer o no comer, beber o no beber, meterme o no meterme? Administradas con inteligencia y prudencia (con información y plena conciencia de los posibles efectos perniciosos de su uso y abuso), las drogas legales e ilegales pueden ser fuente de inspiración, felicidad temporal y sosiego, además de proporcionar alivio a enfermedades penosas (caso de la morfina y el cannabis). La cafeína es una droga excelente como euforizante y nootrópico, al igual que la nicotina o la cocaína (el problema es que la administración de estas últimas es mucho más agresiva y tóxica para el organismo y genera una fuerte dependencia). El cannabis y el alcohol (mejor una copa de vino o un vaso de cerveza que un lingotazo de vodka o de ginebra) tienen reconocidas propiedades analgésicas y antidepresivas. Otras drogas más peligrosas, como el LSD, pueden permitirte acceder a increíbles estados de conciencia vedados al estado de sobriedad. La completa legalización de las drogas no solo sería deseable por honrar a la libertad individual: supondría además una importante fuente de ingresos para las arcas públicas (un dinero que se podría destinar al tratamiento de toxicómanos y la prevención de la drogodependencia) y propinaría un golpe definitivo a los rufianes simiescos que se lucran con su tráfico ilegal y hacen de él un grave problema de orden público (véase el caso extremo de México).

Ya solo queda el rock&roll. Bueno, para no cansarles más por esta semana, quedémonos con una buena imagen acompañada de algunas palabras como la de abajo. Por cierto, ¡qué grandes eran los de Queen!


sábado, 3 de enero de 2015

La trilogía 'Before' de Richard Linklater, que 20 años no es nada

En la tarde-noche del día de Año Nuevo, solo en casa, tuve la ocasión de ver de una tacada la aclamada trilogía Before de Richard Linklater, protagonizada por Julie Delpy y Ethan Hawke: Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes de la medianoche (2013), esta última (Before Midnight en la versión original) traducida oficialmente en España como Antes del anochecer por el lumbrera de turno.

Sentado en mi mullido sillón frente al ordenador, fue un placer asistir a este hermoso experimento artístico de Linklater, que nos invita a dar saltos reales en el tiempo (como en la también muy celebrada Boyhood de 2014) a través de una historia de amor y complicidad desplegada a lo largo de casi veinte años: desde la primera entrega en Viena, con unos protagonistas veinteañeros (como yo entonces), hasta la segunda en París ya en la treintena y la última en el Peloponeso griego de cuarentones con hijos (como yo ahora). Ya me había desacostumbrado al buen cine de autor, entregado en los diez últimos años solo a películas infantiles (esto mismo, la asunción de tareas familiares en detrimento del ocio personal y el cultivo de uno mismo -¡qué gran demoledor de relaciones!-, es abordado precisamente en la última parte de la trilogía).

Prácticamente las más de cuatro horas y media de Before son una ininterrumpida conversación entre Jesse (Ethan Hawke) y Céline (Julie Delpy) sobre la vida, la muerte, el amor, el sexo, la felicidadDios, las relaciones de pareja, el compromiso, los sentimientos de culpa, el azar, la identidad, la condición humana, la paternidad o las diferencias de género: andando por la calle, en un pub, en una cafetería, sobre un barquito en el Sena, en una terraza junto al mar Jónico, en un hotel griego... Esos diálogos, particularmente los de la tercera película, son un fiel reflejo de la distinta manera en que hombres y mujeres conciben el amor, el sexo, las relaciones sentimentales y la compatibilidad de éstas con sus carreras profesionales o el cuidado de los niños (las mujeres suelen estar más preocupadas -o, al menos, obsesionadas- con esto último, lo que tiene una explicación cultural pero también genética). Y en sus jugosos cruces de palabras se adivinan las razones que hay detrás de la frustración, el hastío, el desamor y la ruptura de tantos matrimonios: por encima de todo, la incomunicación.

Conmueve ver a los mismos personajes del verano de 1994 en Viena en el verano de 2013 en el sur de Grecia. El tiempo se ha cobrado un peaje en sus rostros y sus cuerpos, acaso también en el brillo de sus miradas (aunque ella me sigue pareciendo igual de atractiva), pero ambos han cosechado sus frutos (las novelas de Jesse, el trabajo de Céline y, sobre todo, sus hijos), aprendido no pocas cosas de la vida y estrechado gracias a su fluida comunicación bien engrasada por el humor y el sexo -pese al natural desgaste de la relación, con sus inevitables desencuentros y ristras de reproches (muchas a cuenta del hogar y los niños)- la complicidad forjada nada más conocerse en un ya lejano viaje en tren desde Budapest a Viena.

Eso no quita que a veces sigan, a estas alturas de la existencia, con la desazonadora sensación de estar desorientados y no saber realmente nada. Pero, como reconoce Céline, "no saber no está tan mal (...), la cuestión es seguir observando, buscando". Y Jesse acaba convenciéndola de que la perfección no existe. "He venido a salvarte de que te ofusquen las pequeñas tonterías de la vida", llega a decirle al final. Entonces resuena en el espectador la pregunta que ella le había hecho 18 años atrás, tumbados sobre la hierba de un parque vienés momentos antes de echar su primer polvo: "¿Por qué nos complicamos tanto la vida?". Como también decía Céline en la primera película (véase el vídeo de arriba), "si hay algún tipo de magia en este mundo, debe estar en el intento de entender a alguien compartiendo algo. Sé que es casi imposible de conseguir (...), pero la respuesta debe estar en el intento".

Linklater no descarta una cuarta película con Jesse y Céline ya instalados en la cincuentena. Lo más grande del cine es que esta historia (basada originariamente en un encuentro real del director en 1989 con una chica en Filadelfia, cuando iba camino de Nueva York) seguirá ahí siempre, mientras se conserve en algún formato físico y pueda reproducirse en algún dispositivo, como un vívido testimonio de imagen y sonido del amor y las tribulaciones de dos seres humanos que vivieron a caballo entre los siglos XX y XXI. ¿Ficción?... Claro, pero no menos real para quienes se acerquen a ella que una historia acaecida sin el concurso de actores, cámaras, decorados o equipos de sonido e iluminación.

Por cierto, tal como reconocí al principio, muy poco puedo hablar yo de cine (aunque me he prometido ponerme más o menos al día de tantas buenas películas de los últimos 10 años que me he perdido). Pero mi hermano Raúl sí: él tiene un fantástico y reconocido blog al respecto, macguffin007.com, que no puedo dejar de recomendarte encarecidamente si te apasiona el séptimo arte.

lunes, 22 de diciembre de 2014

La política, ese arte de lo posible

¡Cuánta razón tenía Aristóteles al definir la política como "el arte de lo posible"! Es algo que deberían tener en cuenta quienes creen ingenuamente en utopías (cuya búsqueda suele conducir, paradójicamente, a las más siniestras distopías) y vías rápidas hacia ellas, sobre todo desde la izquierda. Quienes creen que es posible lograr el Cielo en la Tierra a través de la acción política, acaso con la liquidación del capitalismo, el neoliberalismo o la perversa hegemonía estadounidense, pasando por alto nuestra condición humana (con su potencial no solo para lo bueno sino también para lo malo).

Esos mismos que echan pestes de la Transición política en España, pilotada con gran habilidad y suerte por Adolfo Suárez, ignorando que las libertades y el relativo bienestar de que gozamos se fundamentan en la Constitución consensuada de 1978. Y que en aquel momento no era posible nada mejor, dado el equilibrio de fuerzas existente (el haberlo pretendido hubiese tensado tanto la cuerda que podría haberla roto -incluso no yendo más allá, tuvimos el desagradable episodio del 23-F- y llevarnos a una lamentable involución). Esto lo entendieron en su día políticos inteligentes como Santiago Carrillo o Josep Tarradellas, quizá marcados por su amarga experiencia en la Guerra Civil y el exilio.

Porque la clave de la política es intentar mejorar la vida de la gente, pero siendo consciente de limitaciones de toda índole: culturales, históricas, socioeconómicas, geopolíticas... Se trata de avanzar con firmeza, de no dar un imprudente paso en falso hacia adelante para luego tener que dar dos hacia atrás (dejando ánimo y efectivos en el camino). Y ello requiere pelear democráticamente con el adversario, pero también negociar con él (y, a veces, ceder), apostar por los consensos cuando son necesarios, mantener delicados equilibrios y manejarse con astucia y mucha mano izquierda. 

Es un suicidio pretender una transformación económica o social profunda si no se dispone de apoyos suficientes o no hay una sólida masa crítica detrás. Si los más poderosos te identifican como una amenaza existencial, no dudarán en aplastarte como a una cucaracha. Ya pasó en España en 1936 y en Chile en 1973. Claro está, siempre queda la opción de hacer las cosas a las bravas, de intentar derrocar a "los de arriba" por la fuerza como en 1917 en Rusia. La resistencia armada puede tener justificación, e incluso servir a una noble causa, como en la Sudáfrica del apartheid (con Nelson Mandela en la oposición) o en la Palestina ocupada (bajo el concepto de resistencia armada no incluyo, por supuesto, los atentados terroristas indiscriminados). ¿Pero tiene algún sentido en la España o la Europa de 2015? Porque, por imperfecta que sea nuestra democracia (corroída por la corrupción, con el modelo constitucional del 78 evidentemente agotado), es todavía la base de una convivencia relativamente civilizada. Nuestra libertad no es gratuita ni se debe dar por descontada. O sea, que tenemos bastante que perder, por mucho que algunos se empeñen en decirnos lo contrario.

Esto no es cobardía ni conformismo, sino sano e inteligente realismo. Nadie con dos dedos de frente tildaría de cobarde, por ejemplo, dejar para mejor ocasión la legalización de las bodas homosexuales en Afganistán. Lo sensato es apostar por la educación en un país estragado por el analfabetismo (y, consiguientemente, muy apegado a la tradición y la religión). Dentro de unas décadas, con una población alfabetizada y mucho más libre del yugo religioso, acaso llegue el momento de plantear esa cuestión. ¿Pragmatismo? ¡Cómo si no! ¿De qué sirve una política que no sea pragmática, reducida a un mero ejercicio intelectual de salón?

Barack Obama es otro de las bestias negras de estos esencialistas, que seguramente desconozcan estas palabras de Salvador Allende en 1971 a los jóvenes chilenos, alertándoles del infantilismo izquierdista: "Una revolución política no se puede hacer en un día. Una revolución social no la ha hecho ningún pueblo jamás en un día, ni un año, sino en muchos años". Y estas otras palabras del mismísimo Lenin en La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo:  "La política se parece más al álgebra que a la aritmética y todavía más a las matemáticas superiores que a las matemáticas simples".

Se achaca a Obama no haber hecho prácticamente nada bueno, obviando que acaso se justifique su presidencia solo con sacar adelante su justa reforma sanitaria, regularizar a millones de inmigrantes ilegales y sentar las bases de la reconciliación con Cuba. Eso sin contar el enorme valor simbólico, tan importante para una población afroamericana esclavizada hace 150 años y aún segregada hace solo 50, de ser el primer ciudadano negro inquilino de la Casa Blanca. Él debía saber, al tomar posesión en enero de 2009, que no podría conseguir mucho más, habida cuenta del peso de los grupos de presión en Washington y de los inevitables peajes para llegar a la presidencia de ese país (para lo que hace falta reunir mucho dinero y apoyos, con los consiguientes compromisos). Pero quizá sus ochos años habrán valido la pena solo con lo antedicho.

En España, estos mismos izquierdistas infantilizados (junto a muchos otros ingenuos desideologizados) exigirán a Podemos, si este partido gana las elecciones en 2015, mucho más de lo que el político mejor informado e intencionado podría jamás conseguir: desde acabar con el paro y la corrupción (un fenómeno de raíces profundas que no se elimina de la noche al día) hasta hacer que todos los españoles ganen al menos 1.500 euros al mes trabajando menos horas y se jubilen a los 60 años con el 100% del sueldo. Pero eso es sencillamente imposible, más si cabe en un mundo tan interconectado como el nuestro del siglo XXI. Hay que reconocer que el propio Pablo Iglesias asegura, con muy buen tino, que solo pretende conseguir un país "un poquito más decente". Lo cual ya sería bastante, desde luego que sí. Para exigir mucho más habría que apelar a la magia o a la religión en vez de a la política.

martes, 16 de diciembre de 2014

La Unión Deportiva Las Palmas y yo (y III)


Hace dos años publiqué sendas entradas (I y II) dedicadas a mi equipo de fútbol: la Unión Deportiva Las Palmas. La tercera entrega estaba pendiente y he decidido que llegue ahora, cerca del ecuador de una temporada que, por fin -esta vez será muy difícil equivocarme, viendo no solo la calidad de jugadores titulares y banquillo sino también la actitud ganadora del plantel amarillo-, llevará al equipo de nuevo a Primera División tras 13 años de ausencia.

Cuando cerré el segundo post, el equipo encaraba un final de temporada 2012/13 en la que el Almería nos terminaría robando el sueño de ascender (en la semifinal de la promoción). Fue un disgusto, pero lo peor estaba por llegar al año siguiente (temporada 2013/14), cuando se registró el que posiblemente haya sido el peor día en la historia de la Unión Deportiva: perder en casa un ascenso casi en el último segundo, en la final de la promoción contra el Córdoba, por culpa de una panda de desalmados (los cuatro mataos de siempre jodiendo la pavana) que interrumpieron el partido en el tiempo extra y desconcentraron a los jugadores, con sonrojantes incidentes posteriores que serían portada en todos los medios de comunicación españoles.
Asdrúbal desolado el 22 de junio de 2014 tras el ascenso perdido. Foto: Quique Curbelo

Pero de ese tremendo mazazo, del que fui testigo atónito en directo desde el sofá de mi casa madrileña, muchos hemos extraído una enseñanza que va bastante más allá del fútbol: que no hay que rendirse nunca, que no hay que tirar la toalla cuando tienes fe en lo que haces y lo estás haciendo bien, que la Tierra sigue girando y la vida continúa dando oportunidades. Hay que reconocer a este respecto la loable tenacidad del presidente del club por volver a intentarlo de nuevo desde cero, contra viento y marea (el destino sería juguetón al emparejarnos en la primera jornada de esta temporada con el recién ascendido Llagostera, mientras que el Córdoba visitaba al Real Madrid en el Estadio Bernabéu).

Asdrúbal el 6 de diciembre de 2014 tras el gol de la victoria en el min. 90 ante el Leganés
Lo cierto es que la U.D. se ha rehecho de manera ejemplar -insisto en subrayar el mérito, ya que el varapalo de ver todo el trabajo de un año tirado por la borda en el último suspiro fue brutal- y seis meses después estamos todos sus aficionados disfrutando de los pepinazos inesperados a las mallas de Araújo y Asdrúbal, los golazos de falta de Nauzet Alemán, los pases perfectos de Valerón (aunque cada vez juegue menos por su edad), los carrerones por la banda de David Simón, la clase de Momo, Vicente Gómez, Hernán Santana, David García, Ángel, Javi Castellano, Aythami Artiles, Roque Mesa... De un equipo integrado mayoritariamente por canteranos, por gente de la tierra (no solo de Gran Canaria, sino del resto de Canarias) que al saltar al campo con la camiseta amarilla siente algo especial: es más que un trabajo por cuenta ajena, es más que un Cristiano Ronaldo metiendo un gol para el Madrid o un Messi haciendo lo propio para el Barça.

Y ya no podemos dejar de imaginarnos a Valerón, el gran icono moral de nuestro equipo y acaso del fútbol español, llorando de emoción el momento exacto en que conquistemos el ascenso en la primavera de 2015. Y la plaza de España (la antigua plaza de la Victoria) de Las Palmas abarrotada como en mayo del 2000 (¡eso lo viví allí!), cuando volvimos a Primera tras doce años. Es fútbol, nada más que fútbol. Pero como dice mi amigo salmantino y colchonero Santi Riesco, se trata de "la cosa más importante de las menos importantes". Y para los canarios será una inyección de autoestima: no solo una cuestión de orgullo colectivo sino un recordatorio de que podemos hacer bien las cosas (incluidas las que son mucho más importantes que el balompié) cuando nos lo proponemos. Así pues, solo me queda decir: ¡¡Arriba d'ellos!! ¡¡Pío, pío!!

lunes, 8 de diciembre de 2014

Un informe jurídico alerta del "gravísimo peligro" de una victoria de Podemos

El catedrático constitucionalista Jaime de Sota Bamberg ha alertado, en un informe jurídico presentado esta tarde en una capea en Gerindote (Toledo), del "gravísimo peligro" de una eventual llegada a Moncloa de Podemos. En su trabajo, encargado hace meses por la Fiscalía, el Canal 13 TV y el diario La Razón, Sota sostiene que "tras la denominación aparentemente inocua de Podemos se esconde una potentísima bomba constitucionalicida"

Al parecer, la clave está en la propia denominación del partido (primera persona del plural del verbo poder), que según el prestigioso jurista "conferiría a limine un mandato irrestricto, ad libitum, para hacer lo que le venga en gana al depositario del sufragio una vez sustanciado su acceso a la presidencia del Ejecutivo". "Sería un ejemplo palmario de ejercicio ciudadano de ad voluntatem alicuius de efectos derogatorios sobre la totalidad del corpus iuris", señala Sota. "Strictu sensu, supondría otorgar un poder uno ictu para legislar y gobernar arbitrariamente contra natura en cualquier orden y materia".

El jurista no quiso quedarse en la generalización y puso varios ejemplos de lo que podría ocurrir en nuestro país tras una victoria del partido de Pablo Iglesias. Para empezar, tendríamos la liberación inmediata de todos los etarras en prisión. Precisamente, el diario ABC ya adelantaba hoy mismo que los presos de ETA proponían el voto a Podemos y no a Amaiur en las próximas elecciones generales. Pero Sota ha ido mucho más allá: "Se abre la puerta a cualquier otra utilización nefanda del verbo poder en primera persona: no es solo Podemos liberar a asesinos etarras sino Podemos permitir el matrimonio entre tres personas o entre dos personas y un animal o entre una mujer y un cactus, tal como vienen demandando últimamente los activos movimientos queer y bisexuales". "Incluso Podemos oficializar el bable en Asturias o Podemos implantar la sharía en Andalucía", añadió ante los cientos de personas (políticos, tertulianos, cantantes de copla, promotores inmobiliarios, guardeses, auxiliares de montería, taxidermistas y presidentes de equipos de fútbol) reunidas ad hoc en la vasta finca toledana del marqués de la Esterlitzia.

Al final de su presentación, el experto en política internacional de Nuevas Generaciones del PP Borja Bartolo Santesmases Huidobro preguntó a Sota si solo sería posible un empleo políticamente nefando de la primera persona del plural del susodicho verbo identificador del partido de Iglesias. Sota fue muy claro a este respecto: "No cabe esperar otro uso, no cabe esperar un Podemos prohibir el divorcio o Podemos encarcelar a las mujeres que aborten o Podemos someter a adecuado tratamiento a los queer y bisexuales en centros privados concertados o Podemos cazar en libertad en parques nacionales o Podemos construir libremente hoteles y apartamentos a orillas del mar o Podemos conducir a 200 km/h en las carreteras o Podemos tomarnos unas copitas en un piano-bar antes de conducir porque controlamos o Podemos sancionar severamente a los cultivadores de marihuana. Y esto es así por una razón muy clara y evidente: los cabellos del señor Pablo Iglesias". Sota trajo a colación un pasaje de la primera carta de San Pablo a los Corintios (1 Corintios 11:14) que a su juicio es "inapelable para ese señor con coleta": "La naturaleza misma, ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?".

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha declarado desde el sofá de Moncloa en que se encontraba viendo un partido de fútbol de Canal Plus que se toma muy en serio las conclusiones del informe. Rajoy ha subrayado la profesionalidad de Sota Bamberg: "De hecho, es medio amigo de mi primo el científico. Y, además del Madrid, jeje".