viernes, 29 de agosto de 2014

Servidores de sí mismos, no de lo público

Ya he escrito más de una vez que los males de la sociedad española poco tienen que ver con la supuesta perversidad del capitalismo o el neoliberalismo (que, por otra parte, no niego). Nuestros problemas son sobre todo de índole cultural, por tanto bien arraigados y difíciles de erradicar. Puesto que se acerca el mes de septiembre, y con ello la vuelta al trabajo, he pensado que no vendría mal hablar de quienes lo tienen inmerecidamente (por enchufe) en las administraciones y empresas públicas. Muchos de los cuales además lo ejercen poco (hablando en plata, que no dan un palo al agua). Y en ocasiones, dada su pericia y profesionalidad, casi es mejor que así sea por el bien de todos.

Pocas bondades pueden atribuirse al sector privado de la economía española (ya en Canarias es el colmo), donde campan a sus anchas desaprensivos e incompetentes cuyas únicas credenciales son sus apellidos de buena familia o una nutrida agenda de contactos políticos (fuente de jugosos contratos públicos financiados por todos los contribuyentes en beneficio de unos pocos, que además sirven para alimentar las finanzas de los partidos políticos). No es de extrañar que no nos vaya muy bien en un país donde los jefes están más preocupados por que sus empleados hagan horas en la oficina -o en el restaurante haciendo negocios chupito en mano- que por su productividad. Donde se premia el servilismo y se desdeña el mérito. Donde el inmovilismo prima sobre la innovación.

Si esto es así en el sector privado, ¡qué podríamos decir del público! Es cierto que hay buenos funcionarios y empleados públicos, muchos de los cuales han ingresado por oposición (o sea, acreditando méritos objetivos, aunque en España es inevitable el compadreo: oposiciones sacadas ad hoc para enchufar al de dentro interino, cuestionarios pasados fraudulentamente con antelación a amiguetes de partido o sindicato, etc). Pero no es menos cierto que abundan los malos: los zánganos y los ineptos. Esto ocurre a todos los niveles, pero parece especialmente sangrante en los niveles medios y bajos de la Administración, lo que produce un cuello de botella en el funcionamiento de las instituciones. 

Parte de culpa del lamentable estado de nuestra Justicia no solo es atribuible a una deficiente organización (más propia del siglo XIX que del XXI), a intereses corporativos de jueces (que no quieren que el juez de al lado se entere de sus casos o, sencillamente, no desean currar demasiado) o a la desidia de los políticos (a quienes no les interesa que el sistema sea ágil, rápido y eficaz), sino también al escaqueo y holgazanería de funcionarios de niveles inferiores que están desayunando por segunda vez o haciendo compras en El Corte Inglés cuando se les requiere para algo, que se levantan malos cada dos por tres o que consiguen prolongadas bajas por depresión para disfrutarlas debajo de una sombrilla. Y que cuentan con el cerrado apoyo de los sindicatos mayoritarios, que saltan como un resorte en defensa de sus intereses enarbolando la bandera de lo público (no parecen tan preocupados por los trabajadores eventuales o los parados). Lo mismo puede decirse de la Universidad, de las Comunidades Autónomas, de las entidades locales, de las empresas y sociedades públicas...

Directores que tienen que hacer por sí mismos tochos de fotocopias, abogados que han de suplicar a auxiliares de los juzgados que les pasen determinado papel relacionado con sus clientes, trabajadores públicos que tienen que hacer la tarea de otros no por solidaridad con un gandul o un incompetente sino solo para sacar adelante lo suyo, ciudadanos desesperados frente al soberbio de turno apostado no pocas veces tras una ventanilla... Todo por culpa de tanto servidor de sí mismo, no de lo público. En fin, Marca España.

Aclaraciones para disipar posibles equívocos:
1) Hay muchos buenos funcionarios y empleados públicos.
2) Los sindicatos son necesarios en una democracia como contrapeso al poder de los empresarios.

domingo, 10 de agosto de 2014

Mirada al infinito



Mirada clavada en el horizonte,
trazando una línea fantasmal hasta un punto en el infinito
donde podría adivinar la nuca del cuello en que se asienta.

Uno de los modos del Ser de percibirse a sí mismo,
embutido en el espacio y el tiempo,
con traje de carne, sangre y huesos,
perplejo en su autoimpuesta ignorancia.

viernes, 1 de agosto de 2014

El lastre de la inseguridad jurídica

Hace días me decía mi viejo amigo de Canarias José Miguel Santos que la mejora de la seguridad jurídica quizá fuese ahora mismo más importante para España que la de la educación (sin quitarle un ápice de importancia a ésta, por supuesto). Me lo comentó por teléfono, mientras yo hacía tiempo para recoger el coche, que había dejado en una conocida red de talleres para el cambio periódico del aceite y los filtros. Yo le había expresado mi inquietud por haber leído algunos comentarios negativos en Internet de esta cadena (relacionados con descuidos y ñapas seguramente consecuencia de contratar gente sin mucha experiencia, mal pagada y presionada para trabajar rápido).

Mi ignorancia sobre coches y mecánica me ponía en manos de esos tipos: poco podría oponer a un eventual consejo/advertencia del tipo "necesita cambiar urgentemente las bujías de descompresión porque están desgastando el árbol de levas y esto compromete la suspensión trasera del ABS" (un comentario de esta guisa está ciertamente descartado en un establecimiento así porque siempre hay gente en la cola que puede escucharlo y el empleado se jugaría estúpidamente un despido ante una hipotética denuncia o reclamación; pero no es el caso del típico Taller Pepe, donde solo están el señor Pepe y sus dos ayudantes a los que paga 700 euros: ahí sí que te la pueden meter doblada hasta el fondo -¡y, de hecho, lo hacen!- si advierten que no tienes ni zorra idea).

Si en España tienes algún problema que te obligue a acudir a la Justicia, entonces ya tienes dos problemas en vez de uno. Porque a nadie se le pasa por alto la terrible lentitud de nuestro sistema judicial (más de uno - entre ellos figuraba el desaparecido Santiago Carrillo- sospecha que detrás de esto, amén de ineficacia y escasez de recursos, hay intereses corporativos), así como la laxitud y los resquicios (bien conocidos por los leguleyos de turno) de un ordenamiento legal que hace que muchas veces los delincuentes se vayan de rositas y los perjudicados vivan un calvario. Esta inseguridad jurídica causa angustia y desconfianza en la ciudadanía, no invitando precisamente a emprender o cooperar. Y además da una imagen lamentable del país en el exterior.

Si se siguiera la máxima de que "quien la hace la paga (y rápido)", los ciudadanos que cumplen se quitarían un peso de encima (los delincuentes, por contra, estarían más intranquilos) y se fomentarían la confianza, la cooperación y el bien común. Nuestro capital social ganaría mucho si viésemos liquidada la impunidad, si el sinvergüenza que te tima (aunque tenga cuello blanco, pajarita o acta de diputado) entrase presto en la cárcel y tú fueras resarcido de manera ágil y rápida. Seríamos sin duda un país mucho más vivible y amable.

martes, 29 de julio de 2014

Divinos adivinos

A Albert Einstein algunos profesores le tomaron por lerdo cuando estaba en el colegio: uno de esos maestros profetizó que no llegaría a nada en la vida. Del gran Juan Carlos Valerón (el jugador más querido de la Unión Deportiva Las Palmas y probablemente el más respetado en toda España por su humildad y bonhomía), un entrenador local de medio pelo de cuyo nombre es imposible acordarse apuntó cuando era adolescente: "Este chico no vale para el fútbol". Del modesto equipo Chievo Verona se dijo burlonamente que subiría a la Primera División del calcio italiano el día en que los burren volasen (los burros volaron, literalmente, en 2011). "La radio no tiene futuro. Las máquinas voladoras más pesadas que el aire son imposibles. Los rayos X resultarán ser un fraude", sostuvo Lord Kelvin (por otro lado, gran figura de la ciencia que determinó el valor del 0 absoluto de temperatura: -273º C). "Tendremos un presidente negro cuando los cerdos vuelen", dicen que afirmó hace más de 200 años George Washington (¿es cierta esta cita, por cierto?).

jueves, 24 de julio de 2014

Protectores ahí fuera


El otro día me encontré una especie de cochinilla reptando por el suelo de la cocina de casa. Cogí cuidadosamente al bicho con un papel (no representaba amenaza alguna para nosotros, a diferencia de un mosquito), lo llevé a la terraza y dejé que empezara una nueva vida allí. Me volvió a la cabeza un pensamiento recurrente: ese bichito nunca sabrá que lo salvó la empatía de un desconocido gigante, como acaso nosotros nunca sepamos que quizá nos estén salvando seres que podrían estar ahí fuera, incluso más allá de nuestro espacio-tiempo. ¿Tendremos protectores, dioses menores cuyos manejos desconocemos y atribuimos al azar? ¿Al final será verdad lo del ángel de la guarda?...

domingo, 13 de julio de 2014

Golpe científico a la dicotomía de los sucesos binarios

Un extraordinario descubrimiento científico, parangonable al hallazgo del bosón de Higgs y de las ondas gravitacionales, ha sido dado a conocer esta tarde en Estados Unidos. "Esto marca sin duda un antes y un después en la historia de la Física", ha dicho en rueda de prensa en Missoula el portavoz del equipo investigador de la Universidad de Montana Harold Di Meola.

Los investigadores de Montana, en colaboración con el europeo CERN, han hallado la manera de romper el carácter dicotómico de sucesos binarios (de un bit de información) mediante un procedimiento conocido como recolapso de la función de onda. Las implicaciones del descubrimiento son gigantescas y pueden cambiar de manera radical nuestro modo de interactuar con la realidad.

Di Meola ha confirmado el éxito de dos experimentos, uno con una moneda de 50 centavos perfectamente calibrada (tras ser arrojada al aire, cayó al suelo en un estado diferente a la cara, la cruz o el canto) y otro en una boda por lo civil en Las Vegas (al requerirle el oficiante si quería casarse con su novia, el novio dio una respuesta que no fue ni ni no ni cualquier otra).

Una de las sorpresas de la rueda de prensa en Missoula fue cuando Di Meola reconoció que el origen del proyecto estaba en España: durante unas vacaciones en Sevilla hace años, el científico escuchó a un aficionado al fútbol (ahora identificado como Curro Castañares Olivenza, abonado del Real Betis Balompié) lamentándose de la imposibilidad física de que en un partido Sevilla-Real Madrid perdiesen ambos equipos. Di Meola volvió a Estados Unidos con esa idea rondándole la cabeza. "Aquel hombre sufría mucho", ha reconocido con indisimulada emoción.

La clave del procedimiento es forzar el colapso de la función de onda para, solo pocos tics de Planck más tarde (muchísimo menos que una milmillonésima de milmillonésima de nanosegundo), devolverle artificialmente su coherencia y volver a forzar de inmediato su colapso mediante una acción especular con taquiones virtuales de muy alta energía.

"Si alguna vez Real Madrid y Sevilla se encontrasen en una final, este método aseguraría -si las autoridades políticas lo autorizaran por razones de interés general- una derrota de ambos", ha explicado el físico estadounidense. "Por supuesto, sería extensivo a cualquier duelo deportivo e incluso político y de otra naturaleza. Aunque, eso sí, tendría que ser dicotómico". Di Meola ha reconocido que su equipo está ahora mismo trabajando para obtener el mismo éxito con eventos policotómicos, como la elección con el mando a distancia del canal de la TDT o las elecciones presidenciales de Afganistán. "Esto tardará aún algunos años en hacerse realidad".

El revuelo armado tras la rueda de prensa ha sido enorme, sobre todo en el mundo del fútbol (el comunicado se ha dado a conocer -algunas voces dicen que no casualmente- solo unas pocas horas antes de la final del Mundial en Brasil). A los pocos minutos de terminar el acto en la Universidad de Montana, el Gobierno de Surinam hacía un llamamiento a la FIFA para darles por ganadores en la final de Maracaná. "Es la ilusión de una nación lo que está en juego, no permitamos que unos desalmados nos la roben", decía el presidente del país en una alocución televisada tras la cual miles de aficionados tomaron las calles de la capital Paramaribo con bufandas y banderas de su nación. La FIFA no ha querido pronunciarse y las casas de apuestas siguen colocando a Argentina y Alemania como únicos posibles ganadores de esta noche.

En un comunicado urgente posterior a la rueda de prensa, a la vista de la convulsión social desatada (el hashtag #dichotomyisover se convirtió rápidamente en TT mundial), Di Meola desmentía rotundamente que hubiese planes de alterar el resultado de la final de esta noche en Río de Janeiro. "En cualquier caso", afirmaba su comunicado, "con el recolapso de la función de onda no ganaría ni Argentina ni Alemania ni ningún otro país, incluidos Surinam y Papúa-Nueva Guinea".

domingo, 6 de julio de 2014

Por una positividad realista... y un puntito desconfiada


El otro día escuché a un locutor de Vaughan Radio diciendo que hay que ser positivos en la vida, que la negatividad es una apuesta segura para acabar formando parte del "club internacional de los fracasados". En EE.UU. están obsesionados con esta última palabra (loser): si no triunfas en la vida, la culpa siempre será tuya, en la estúpida creencia -híbrida de pasteleo new age y de psicología barata de escuela de negocios- de que cualquier sueño es posible si luchas duro por él.

Es cierto que tu visión del mundo depende en buena medida de la actitud con que lo observes. Pero, para empezar, hay que asumir -¡que no aceptar!- que la injusticia y la maldad estarán siempre entre nosotros. Ello no tiene por qué amargarnos una salida o una puesta de Sol, una mañana campestre de domingo, una agradable comida, un beso, un abrazo o una reparadora siesta. Es necesario asumirlo como hacemos con la inevitabilidad de la muerte o con la fuerza de la gravedad, para pisar suelo firme y no engañarnos tontamente. Lo siguiente es buscar espacios -los hay, y son numerosos- para disfrutar de lo mucho bueno que tiene la vida, procurando mantenernos apartados de las cosas y personas indeseables.

Por supuesto, al vivir en sociedad debemos aceptar un peaje inevitable: siempre nos encontraremos con personas desagradables porque hay ámbitos en los que no elegimos a los congéneres con los que tenemos que interactuar: escogemos por afinidad o simpatía a nuestros amigos reales o virtuales, pero no a nuestros vecinos, conciudadanos, compañeros de trabajo o usuarios simultáneos de la carretera. La convivencia con Homo sapiens -o con cualquier otro animal- nos obliga a ciertas prevenciones: debemos protegernos y eventualmente defendernos (preferiblemente, dentro de los cauces del Estado de derecho). Esto no es negatividad sino realismo. Si una gacela estima en algo su pellejo, no puede salir paseando tranquila y despreocupadamente por la sabana para disfrutar de la brisa. Como tampoco debería ninguno de nosotros atreverse a dar un paseo romántico nocturno por las calles de San Pedro Sula (Honduras). Y mucho menos alardear de su homosexualidad en público en Mosul, entre tanta gente piadosa.

El mundo está lleno de peligros: no solo por terremotos, maremotos, huracanes, aludes o el imponderable coco que te puede caer en la cabeza, sino sobre todo por la presencia de seres más o menos inteligentes (desde virus y bacterias hasta humanos pasando por viudas negras y cobras) que andan pululando por ahí. Esto es lo que hay, así que debemos actuar con inteligencia y prudencia. Si yo me hubiera fiado de todo quisque en el viaje en solitario que hice en el verano de 1990 en tren desde Madrid hasta Atenas (ida y vuelta), habría terminado literalmente desplumado y sodomizado (sin consentimiento). En ese viaje con Interrail por toda Europa, a mis 22 años, me topé con mucha buena gente pero también con auténticos tipejos que pudieron haberme arruinado la experiencia: desde el quinqui sevillano que iba camino de un centro de desintoxicación en Vitoria y le robó el equipaje a una turista francesa (ella lo descubrió pasmada ya en Hendaya; yo no perdí jamás de vista el mío, pese a la charla de buen rollito con el tipo) hasta el dueño del pub de Atenas que pretendió en vano tangarme en su local (valiéndose de los encantos de una joven compinche de buen ver) pasando por otros cafres del más variado pelaje.

Hace unos meses me sorprendió gratamente, leyendo el Diario de invierno de Paul Auster, una mención del escritor norteamericano a un útil consejo que le había dado su padre: "Conduce siempre a la defensiva; procede en el supuesto de que todos los que están en la carretera están locos y son idiotas; no des nada por sentado". ¡Ese es también mi lema, qué casualidad! Si te fías del prójimo en la carretera pensando que actuará racionalmente, date por muerto más temprano que tarde. Fuera de las carreteras es también recomendable una cierta dosis de desconfianza, siempre que esta no sea agresiva con los demás ni paralizante para quien desconfía (a veces no tenemos más remedio que fiarnos por adelantado, por ejemplo cuando nos encomendamos a un médico o apostamos por una relación amorosa). No se trata de prejuzgar a la gente, sino de actuar con prudencia y abrir las compuertas de tu confianza solo a quienes se hagan merecedores de ella o a quienes tu olfato o intuición te dicen que pueden serlo.

Constatar la estupidez e hijoputez humanas no tiene por qué llevarnos al cinismo ni está reñido con la felicidad y la alegría de vivir. Claro que es imposible no sentir pena e incluso una intensa rabia ante tanta injusticia y barbarie, ante la interminable sucesión de atrocidades cometidas por seres humanos (moneda corriente desde que el hombre es hombre, aunque afortunadamente cada vez menos frecuente). Claro que es imposible que no se te revuelva el estómago ante asesinatos como el de tres jóvenes israelíes a manos de escoria palestina o el de un joven palestino a manos de escoria israelí (escoria religiosa en ambos casos). O ante el impune maltrato generalizado de los animales y su brutal matanza a escala industrial. Pero las salidas y puestas de Sol seguirán ahí -para nosotros y para nuestros descendientes-, así como las mañanas campestres de domingo, las agradables comidas, los besos, los abrazos y las reparadoras siestas.